30 AÑOS DE DEMOCRACIA

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Adelina Dematti de Alaye, es militante de derechos humanos, es la madre de Carlos Alaye, militante peronista secuestrado el 5 de mayo de 1977 en Ensenada y desde entonces desaparecido. 

Entrevista por Luisina Carrizo

Fotos Dario Varas

Desde 1977 Adelina es parte de Madres de Plaza de Mayo y años más tarde se encontró entre los fundadores de la sección de ciudad de La Plata de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. Desde su lugar, nos cuenta cómo vive este aniversario de nuestra historia.


E: Entrevistador | A: Adelina 


E-Siendo militante, de larga trayectoria, de derechos humanos (DD.HH.) ¿cómo ves o cómo reflexionas estos 30 años de democracia? 

A- Los reflexiono desde mi propia vida, más allá de cualquier historia que tenga para apoyarme en eso. Como ciudadana es la primera vez, a los 86 años que tengo, que vivo 30 años sin golpes de estado. El país desde 1930 vivió permanentemente golpeado. Siempre por el sector militar, pero respondiendo a los intereses de un sector social, que era el que siempre manejó el dinero en Argentina. Por eso hasta parece mágico que haya ocurrido, pero costó muchas vidas, mucho dolor. Desde los DDHH que me preguntabas, yo al perder por desaparición forzada a mi hijo (Carlos Alaye) entendí la propuesta de Azucena Villaflor de que teníamos que hacer nuestra lucha, nuestros pedidos juntas. 

E-¿Cómo empezaron como Madres y cómo hicieron para hacer consciente a la sociedad de lo que estaba ocurriendo durante la dictadura cívico militar

A-La idea surge de Azucena en decir "no lo hagamos individualmente. Si acá en la cola somos un montón de madres que vienen a preguntar por nuestros hijos". Sentíamos que teníamos que tener un lugar donde encontrarnos para poder pedir todas juntas. Y lo que produjo a posteriori, se debe a esas diez madres que fueron un día sábado, 30 de abril, a la plaza de mayo para conversar entre ellas y ver donde iban en la semana a hacer las presentaciones. 

Ahí nos dimos cuenta que los sábados no se podía ir a ninguna parte. Y después de un cambio quedó de 3.30 a 4 pm encontrarse los jueves, ni antes ni después. 


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E-¿Qué expectativas tenías aquel 10 de diciembre de 1983 con la vuelta de la democracia? 

A-La primera vez que fui a votar para el primer período democrático fue como la primera vez que lo hacía. Con una emoción y esperanzada de los cambios que esperaba. Sobre todo, creyendo que íbamos a poder rápidamente saber qué había pasado con nuestros hijos. Eso desde cualquier análisis era imposible, pero desde el amor creía todo. 

Nosotros en la primera elección previa hicimos una solicitada con el nombre de todos nuestros hijos que no iban a poder votar. En La Plata, por ejemplo, nos organizamos y fuimos en grupo a donde le correspondía votar al hijo de Hebe, al hijo mío, etc. Y dejábamos la consigna ahí que estaban desaparecidos. Porque queríamos evitar, más allá de difundir la desaparición, que apareciera cualquiera votando en nombre de ellos. Eso lo he hecho siempre hasta ahora las dos últimas elecciones presidenciales, que ya eso lo hace el Estado. Ya ponen (en los padrones) "desaparición forzada". Vos lo ves así y parece un logro chiquito, pero no. Es un logro inmenso: es el Estado que se hace responsable por la ausencia de los chicos. 


Porque a veces dicen "sobrevivieron", no, no. Sobrevivir era quedarse viendo las cosas. Sobreponerse es decir "esto ocurrió, pero no tiene que ocurrir y quiero saber por qué ocurrió”.


E-En estos 30 años ¿cuáles fueron para vos las conquistas de derechos más importantes? 

A-Lo más importante es poder hacer lo que uno quiera, poder decirlo, elegir donde estudiar, donde trabajar. Vivir como quieras, vivir siempre que no perjudiques a otro, pero que lo puedas hacer porque es tu voluntad. Porque tenés la Libertad de elegir y de realizar. 

La democracia no es solamente ir a votar. A veces votamos sin pensarlo demasiado. Ese es el hecho que nos da el aparato contenedor, un Estado fortificado porque cada uno de sus integrantes lo eligió la mayoría. Pero nosotros, desde abajo, tenemos que hacer nuestra parte. Es decir, yo siempre digo el participar desde la célula más pequeña que son las escuelas. 


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E-Hablemos de los juicios ¿Qué opinión tenés sobre el Juicio a la Junta Militar en los ochenta? 

A-El Juicio a la Junta fue algo inédito en el mundo. No tiene antecedentes. Nunca el Estado se había puesto a enjuiciar a las Fuerzas Armadas. El juicio este fue impresionante por el hecho de que se pudo hacer, pero es evidente que la presión era muy fuerte. Sino no hubiéramos tenido después la Semana Santa de Rico (Aldo). 

Es decir, fue una patriada pero no alcanzó. Los jueces, de aquel momento, decidieron tomar solamente 700 casos ¿por qué no todos? Podrían haber dejado los que fueran. 

Había una necesidad de cerrar con eso para que las autoridades tuvieran un poco de aire para ir manejando. Claro, un análisis visto desde ahora, que no podría haber sido hace 30 años. Uno aprende de las circunstancias también.

E-¿Cómo siguieron adelante en el reclamo judicial después de las leyes de impunidad y los indultos? 

A-Acá la gente de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH) con mucha lógica, los abogados nos dijeron "esto puede ser el gancho para poder hacer algo": nos contaron que existía una forma jurídica internacional que son los Juicios por la Verdad. Están formados para que toda aquella persona que haya sido apresada o desaparecida, y que el Estado no le responda, pueda recurrir a este juicio. No hace condena, ni nada. Sólo investiga qué pasó con la persona que buscás. 

Entonces, decían los abogados, vamos a pedir juicio por la Verdad para juntar testimonios y pruebas, porque era como que algo nos decía que iba a venir algo diferente. Que se iba a poder hacer lo que después se hizo, que fue la Anulación de las leyes de Obediencia debida, de Punto Final incluso de los indultos que hizo Menem. Y así hicimos y nos resultó tal cual. Y bueno, ahora los juicios que se han hecho en La Plata, yo diría que el 99% se ha hecho con material (probatorio) de los Juicios por la Verdad. 


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E- ¿Qué pensás sobre lo que puedan dejar los juicios actuales a los genocidas para la construcción de la democracia? 

A-Mirá, conocer la Verdad en cualquier tipo de cuestión es lo más valioso. Poder mostrar y condenar a los culpables es un ejemplo cívico para tener en cuenta siempre. 

Es decir, sobreponerse como hicimos nosotros. Porque a veces dicen "sobrevivieron", no, no. Sobrevivir era quedarse viendo las cosas. Sobreponerse es decir "esto ocurrió, pero no tiene que ocurrir y quiero saber por qué ocurrió". Y la sociedad acá está entendiendo. Se horroriza diciendo "ay, pensar que yo lo escuché cuando ocurría" o "yo lo viví". La mayoría de las cosas que salen ahora, el listado de los componentes de la cultura por ejemplo, ya lo sabíamos nosotros en esa época a medida que se iban exiliando. 

Ahora pueden decirlo, pueden ser homenajeados, pueden ser recordados: es vivir en otro país. Más allá de lo que te diga que pueda faltar, los errores que tenemos son porque es una democracia absolutamente adolecente. 

Porque a veces dicen "sobrevivieron", no, no. Sobrevivir era quedarse viendo las cosas. Sobreponerse es decir "esto ocurrió, pero no tiene que ocurrir y quiero saber por qué ocurrió”.