CELIAQUÍA, UN AVANCE NO TAN AVANCE

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Mi historia comienza cuando con doce años,  menor estatura y peso que mi hermana de diez,  llegó la confirmación de la enfermedad, era celíaca. Tuve que comenzar a comer sin “TACC”  (sin Trigo, Avena, Centeno, Cebada) de por vida.  Mi dieta se basó en frutas y verduras, carnes,  huevo, lácteos, arroz, legumbres y paquetes de  “tergopol” -galletas de arroz- más, en ocasiones  especiales, tortas y galletitas caseras de mamá  con mi harina de trigo: harina de arroz, maicena  y fécula de mandioca. Hoy, estos alimentos, son  góndolas en los supermercados con productos  ultra-procesados aptos para celíacos. 

Por Gabariela Muñoz. Licencada en Nutrición MP - 080


La disponibilidad y el consumo de productos  ultra-procesados (hipercalóricos, poco nutritivos, con alto contenido de grasas, azúcar y sal)  unida a la insana promoción publicitaria, particularmente aquella dirigida a los niños, sigue aumentando concurrentemente, o a la par, con los  índices de obesidad y enfermedades asociadas. 


“Santa Cruz tiene los porcentajes más altos de sobrepeso y  de obesidad en el país”. 


El creciente consumo de este tipo de alimentos, sumado a las porciones abundantes y el  57,9% de inactividad física que presenta nuestra  provincia, se traduce en que Santa Cruz ocupe  el PRIMER lugar en nuestro país con el 23, 5%  de obesidad, mientras que el 37,5 % presenta  sobrepeso dejando en evidencia que más de la  mitad de los habitantes (60, 7%) tiene un exceso de peso y puntualmente en niños, del total  de los infantes de 6 meses a 5 años de edad registra un 11,7% de obesidad ocupando el cuarto  puesto en el país.

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Por investigaciones, se conoce que el costo de  vida del celíaco es mayor que el del resto de la  población, por esto se cuenta con subsidios por  parte del Estado. 

Pero si en el cálculo de ambos costos de vida  no se contemplaran los productos ultra-procesados que consumimos, y que no son indispensables en la dieta normal de ninguna persona,  estaríamos igualando la situación y tal vez evidenciando otras cuestiones.  

No es casualidad entonces, que con el auge  de los productos destinados para celíacos, a los  profesionales se nos están presentando casos  de celíacos con sobrepeso u obesidad. 

Ahora me pregunto: ¿no sería acertado subsidiar los alimentos saludables para lograr una  accesibilidad efectiva para toda la población?  ¿No es evidente que lo que abunda es insano,  barato y enferma?