REMEMORANDO

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“La censura de prensa, la persecución a intelectuales , el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años”. 1er párrafo de Carta abierta a la Junta Militar. Rodolfo Walsh

Por Blas Agustín Carrizo. Estudiante de Letras.

En esta carta se encuentra el resumen realizado por el periodista Rodolfo Walsh del primer año de gobierno que ejerció uno de los hombres más nefastos de la historia de nuestro país. Al día siguiente de la publicación de la Carta abierta a la Junta Militar, Walsh no fue vuelto a ver. Tristemente, historias como las de este periodista existieron miles. A partir del 24 de marzo de 1976, treinta mil personas dejaron de ser.

En el año 1979, al ser consultado sobre la figura del “desaparecido”, Jorge Rafael Videla, por entonces presidente de la República Argentina, expresó; “Le diré que frente al desaparecido, en tanto éste como tal, es una incógnita. Mientras sea desaparecido no puede tener tratamiento especial, porque no tiene entidad. No está muerto ni vivo, está desaparecido”. Estos dichos sobrepasan el sentido usual del concepto “desaparición”, para el aparato militar no es alguien que no se encuentra, es directamente la ausencia de alguien. Los desaparecidos son despojados de ser porque en él yace algo peligroso, algo que no debería existir para poder vivir en el Orden. Lo peligroso, lo que para el Estado Terrorista era la verdadera amenaza era la política, el pensamiento, el discernir.


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Esta concepción está estrechamente ligada con el concepto hindú de paria, que fue retomado para describir a una categoría política que se generó durante el Tercer Reich en Alemania. Eran llamados así los individuos a los cuales jurídicamente se les iban cercenando sus derechos hasta que lo que quedaba era una persona por exterminar. Nadie muere, porque no existe algo que muera, lo que hay es un residuo de persona, vaciado de libertades, de facultades. Lo único que hay es un resto que desaparece.

Había un intento de paralizar el tiempo, de que las cosas transcurran sin progresión. El llamado Proceso de Reorganización Nacional planeaba una sociedad sin divergencias, en la que todo permanezca. Cumplía con este axioma mediante disposiciones terroríficas, matando a lo jóven para que prevalezca lo pútrido de su arcaica manera de vivir y de pensar.


Un policía arranca una silueta para que la analice un superior; una de las madres se abalanza sobre él y colgada de sus ropas le exige: “Suéltelo, ese que lleva ahí es mi hijo”


Con el tiempo, el gobierno dictatorial fue perdiendo el poder que sólo por su prepotencia mantenía. La negrura con la que el estado había perpetrado un genocidio perdió su fuerza, el pueblo comenzó a descreer cada vez más de sus ilegítimos gobernantes. Sucedió la guerra de Malvinas, un acontecimiento penoso que desencadenó el malestar general de la nación, la cual, mediante manifestaciones públicas reclamaba por la vuelta a la democracia. Esta necesidad popular se tornó real el 30 de octubre de 1983, día en el que se realizó la elección democrática de los representantes de la nación. Con un poco más del 50 por ciento de los sufragios, la fórmula ganadora fue la de Alfonsín-Martínez, pertenecientes a la Unión Cívica Radical y que tomaría el mando el 10 de diciembre de ese mismo año.

En algunas de estas manifestaciones se honraba la memoria de los desaparecidos por el Estado, como lo fueron las Marchas de la Resistencia, realizadas por Madres y Abuelas de Plaza de Mayo y apoyadas, entre otras agrupaciones, por centros de estudiantes clandestinos y organismos de Derechos Humanos. La tercera de estas marchas tuvo lugar un 21 de septiembre de 1983, a poco más de un mes de que se celebren las elecciones. Fue entonces cuando se realizó El Siluetazo, una intervención artística que consistía en dibujar el contorno o la silueta de un gran número de personas en diferentes afiches, para que luego fueran colocados en distintos puntos de la Plaza de Mayo.


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El siluetazo fue una idea propuesta por los artistas Rodolfo Aguerreberry, Julio Flores, y Guillermo Kexel, quiénes habían pensado exponerla en un importante premio de arte nacional, en 1982, pero a causa de que la intención de los artistas era realizar una obra monumental, se dieron cuenta de que no contaban con suficientes personas para realizarla, e incluso, siendo esto posible, no existía un museo capaz de almacenar tamaña obra. Por lo que decidieron acudir a las Madres para poder presentar y realizar las siluetas en la marcha. Las Madres aceptaron la propuesta, que visualizaría a gran escala a su consigna “Aparición con vida”.

Finalmente, el día 21 acaece y la multitud que acude a la Plaza se encuentra con centenares de cuerpos a escala humana silueteados sobre papel y pegados en vertical sobre las paredes de la Catedral, del Cabildo, alrededor de la Casa de Gobierno. Impacta a la gente que mira, impacta a la gente que vigila. Nuevas siluetas se van realizando en la Plaza, gente que se acuesta en el piso para ser contorneada, para representar lo humano en un papel. De este punto en adelante, el uso de siluetas como expresión política, como representación de los desaparecidos fue repetido numerosas veces, se llegó, inclusive, a empapelar al Obelisco con 30.000 afiches.


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Sin embargo, lo que sucedió el 21 en Plaza de Mayo, no fue un simple empapelado. Lo que a priori era una propuesta artística, con la participación de la gente se convirtió en algo político. La gente que participaba acudió por las razones políticas, para poder tener la posibilidad de representar a los desaparecidos. Este hecho intenta romper con la noción clásica de arte que existía en el imaginario colectivo como una cosa autónoma, algo que debe ser contemplado desde abajo, sin tocarlo. Mientras que existieron casos en los que se intentó que el arte saliera de su esfera (por ejemplo, el caso de Tucumán Arde, muestra que se intentó realizar en 1968, bajo la dictadura de Onganía), el siluetazo logró algo superador, en él la realidad se fundió con el arte y exitosamente lo artístico bajó a la masa, tanto así que los participantes no eran conscientes de la doble función que ejercían. Indudablemente, todo esto sucedió por el ideario que vivía en los afiches.

La forma vacua de un cuerpo, una figura humana de tamaño natural, irrepetible, única. Que se haya elegido papel como soporte tiene un sentido simbólico de por sí. Era una metáfora sobre el vaciamiento jurídico que se había realizado para con los enemigos del Estado. El papel, símbolo de burocracia, hacía oficial la existencia de quienes ya no existían. En este sentido, había, por parte de los participantes, una conciencia total de lo que era real, el espacio en blanco en la imágen existía, pero al realizar la figura, estaban representando lo que hasta ese momento era irrepresentable. El pueblo, en el mismo momento en el que reclamaba por la desaparición de 30.000 personas también les devolvía la entidad.

Las manifestaciones se sucedieron y continuaron tras la vuelta a la democracia. Estas movilizaciones de gente y de ideología, generaron en el pueblo argentino una conciencia sobre el genocidio que perpetraron los gobiernos de facto que se sucedieron desde 1976 hasta 1983. El Nunca Más fue y es una consigna nacional. La democracia es la consumación de la lucha de muchas personas, algunas de las cuales perdieron su vida.

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Con el tiempo, el propósito primero del gobierno militar fracasó rotundamente. Fracasó porque lo que quiso hacer desaparecer era una manera de pensar y de vivir, lo que hizo lo hizo fracasar fue la memoria y la convicción de quienes querían vivir en una sociedad igualitaria y justa. Al final, las madres nunca volverían a ver a sus hijos, pero los volverían a reconocer.